(ESPER-HO QUE HOS AGRADI...)
-SANT PERE PESCADOR-
-¡Buenos días dormilona!- dijo papa dándome un beso en la frente. Le
sonreí.
-Deberías ir a cambiarte, Robert me ha contado que hoy hay mercado en un
pueblo cerca de aquí. Me irían bien unas cuantas verduras y fruta..
-De acuerdo ya voy- entre en la caravana, me cepille el pelo, los dientes,
me limpie la cara, me puse crema Y me hice algun que otro retoquillo con
maquillaje. Cogí unos shorts de el armario, eran de un azul tejano clarito y
tenia estrellas blancas. Luego una camiseta de media manga blanca que se veían
los hombros. Le puse un poco de brillo a mis labios, cogí el bolso blanco de
Gucci, guarde el móvil, unos pañuelos, el brillo, unos chicles de fresa las
gafas Ry-ban plateadas y el Ipod. Finalmente me puse el reloj. Cogí las
sandalias con ese tacón que era como de paja y me las puse. Papa ya estaba en
el coche, y mama estaba acabando de perfilarse los labios con una barra de
color rojo llamativo. Subí de un salto al Wrangler, pero casi me disloco el
tobillo con los tacones. Al dar la vuelta al camping, dirigiéndonos a la
salida, vi a Sandra y Andrea, que me saludaron animadas, reí recordando la
noche anterior. Papa puso la misma ficha que puso ayer para entrar, y la
barrera se "abrió". Papa se detuvo un momento delante del bar. Llamo
a Robert, justo cuando este se dirigía hacia la barra. A su lado había un chico
unos centímetros mas alto que el, iba sin camiseta, pero por la forma de su
espalda, deduje que estaba fuerte. Tenia el pelo corto, de un marrón avellana
brillante y con mechas rubias, como rayos de sol.
Abrí el bolso buscando las gafas para ponérmelas. Mientras aun buscaba,
Robert ya estaba a nuestro lado conversando con papa.
- ¿Amy?- por fin las encontré! aunque al levantar la vista me quedé helada
-Oh Amy, te presento a Víctor, es el hijo de Robert- Dijo papa
-Hola, encantado de conocerte- me alargó la mano y se la estreché. Se rió débilmente
mientras me guiñó el ojo. Me sonrojé.
-Voy tirando Robert, nos vemos luego- le dijo Víctor
-Eh.. eh.. de-de acuerdo, nos vemos lue-go-go..- jamás había visto a Robert
tan incómodo
-En fin.. iréis al mercado ahora?
-Sí, tal vez nos quedemos a comer, ¿te parece Ángela?
-Mm.. buena idea
-De acuerdo, pues nos vemos más tarde, que tengáis un buen día- Nos
despedimos de él con la mano y salimos del camping. Al parecer Víctor era el hijo de Robert, cosa
que llevaba a otras dos cosas;
1. el era mi
profesor de wind-surf y
2. eso dejaba
claro el echo de tener ese yate.
-Papa, cuando empiezan mis clases de wind-surf?
-Oh..de aquí dos semanas, le dije eso a Robert porqué así aún podrías
disfrutar unos días más del camping y salir..
-Está bien.. el chico ese.. ¡Víctor! ¿será mi profesor?
-Así es, su padre nos habló muy bien de él- dijo ahora mama- y como él
conoce a mucha gente de aquí tal vez puedas hacer amigas nuevas..
-De hecho.. ayer, yo
-¡¡Eh mira!! por aquí hay mucha gente, aparcaremos ahí- dijo papa
interrumpiéndome. Lo odiaba, no a él, sino al mero hecho de ser interrumpida
sin más, porque sí, como si no hubiera dicho nada. Aunque al final una se
acostumbra, y sencillamente se calla.
Aparcamos el coche y fuimos a la plaza, había un montón de tiendecillas; en
la parte izquierda habían tomates pintados de un rojo chillón, hojas de un
color verde claro y la fruta; cerezas, racimos.. En cambio, en la parte derecha se encontraban
la carne, a pesar de que solo se vendían embutidos (jamón, longaniza,
chorizo..) y los quesos. Compramos un poco de éste, de cabra y semicurado,
luego mama cogió un poco de chorizo para hacer albóndigas y un poco de jamón de
bellota que iría acompañado por un buen melón Bollo de la tiende de enfrente.
Aprovechando que estábamos ahí cogimos un poco de racimo. Sin danos cuenta,
eran ya las tres del mediodía, así que tras dejar las bolsas en el coche nos
fuimos en busca de un restaurante.
Encontramos un pequeño local que antiguamente había sido una taberna de
pescadores, supongo que eso explicaba porque estaba frente al mar. Se hallaba
en una calle bastante estrecha pero era cálida y agradable, decidimos quedarnos
a comer aquí.
Nos atendió un hombre robusto y con barba de un tono ceniza y ojos claros.
Era simpático y tenía un extraño acento francés muy curioso;
-¿Bien señojes, les apeteceja algo más?
- ¿Disculpe que había pedido yo?-Dijo mama mientras volvía a hojear la
carta
-La señojita escogió una ensalada de cangrejó, luego un "petit poisson", la madame pidió salmón ahumadó et les señoj magret avec du salse du miel, ¿c'est ça?
- ¿Sí, creo que
todo bien, que dices tú cariño?
-Perfecto, para beber sangría y tu Amy..
-Coca-Cola por favor
- D'acord.. merci- Nos recogió
las cartas y encendió una de las velas que había en la mesa, cinco minutos
después nos trajo las bebidas y el mismo nos sirvió los vasos.
-¿Haremos algo por la tarde?
- En principio creo que no Amy.. tienes algún plan tú, ¿Ángela?
-No, tenía pensado pasar la tarde en el camping, ¿os parece bien?
-A mi sí, querías hacer algo tú?
-No, no, por eso os lo pregunto, me apetece mas quedarme en el camping
-Fantástico pues..-
-Señojes aquí tienen sujs platos- Apareció el camarero con los platos de
mama y papa y con mi ensalada, que puse al centro para que todos pudiéramos
picar un poco. Poco después llegó mi pescado. Estaba tierno y jugoso, realmente
delicioso. Papa me dejó probar un poco de su carne y decir que estaba deliciosa
era quedarse corto, la salsa era dulce y tenía una extraña textura cuando lo
saboreabas, nos acabamos cambiándonos los platos. De postre tomé un flan bañado
con un caramelo dulce y espeso, y papa y mama requesón.
Después de comer, fuimos a algunas tiendas; mama me compró un palabra de
honor negro y brillante. Me gustó mucho. La parte de arriba estaba hecha con
drapeado y lo que vendría a ser una falda era de seda, costaba 300€, lo que
mama consideró una ganga, y yo una locura.
Papa se compro dos camisas, una blanca y lila y la otra azul celeste,
también se compro unas bambas nuevas y un polo de color naranja. Mama compro en
un perfumería una colonia y maquillaje. Se encaprichó en comprarme unos
pintalabios, un eyelinner nuevo y colorete, hay que reconocer que
tampoco me opuse, pero no hacía falta, aunque ella siguió con lo suyo.